—Eso no es cierto señora, por favor. —sigo pidiéndole.
—¿Ahora me toma por mentirosa? —eso la hace enojar aun más.
La veo caminar con mis maletas y se asoma por el balcón del edificio abre la maleta y antes de que pueda detenerla, ella lanza mi ropa.
—¡No! —le digo.
—Ay niña te hice un favor, eran puros trapos, pero te aconsejo limpiar o montaré una queja sobre ti.
¿Trapos dice? Es la ropa que recibía de ella para no ser malagradecida, lo peor de todo es que me lo daban en bolsas negras, tal ve