—¿Y entonces? —Ladeo mi rostro.
—Me pidió que te hiciera entrar en razón sobre lo que hablaron, César —me dice ella con sus ojos llenos de preocupación.
—¿Y sobre que te dijo que hablamos? Porque estoy seguro de que si supieras todo, no lo apoyarías —me cruzo de brazos, enseriado y ella agacha su rostro con tristeza—. ¿De verdad vas a apoyarlo?
No puedo creerlo, ella no es la persona de la que me enamoré, la persona correcta y justa, alguien igual que yo en algunos aspectos, ¿Por qué digo algun