No quería verlo porque sabía que no sería fuerte, sobre todo si voy a planear de quitarle todo a su familia, ya lo he decidido. Me giro sobre mis talones y lo veo, sin expresión alguna, ya no quiero que me tomen por tonta, a la que pueden pisar fácilmente.
—¿Si? —arqueo una ceja.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo estás? —se ve preocupado y me parece tierno, sin embargo, no pienso demostrar que me encanta…
—Bien, encontré trabajo —minimizo.
—Que bueno, ¿Y como está mi sobrino? ¿Dónde te estás quedando?
—