Todos los días me pregunta si puede jugar con Alejandro y siempre le respondo que está muy chiquito para eso, aún así le gusta hablar con él o enseñarle sus juguetes.
—Claro que puedes jugar con él —respondo está vez—. Pero recuerda que él está chiquito, por lo que él será un espectador.
—No hay problema —sonríe—. Siempre quise un hermanito —repite.
—Vale, entretenlo mientras hago el desayuno —le hago saber.
Pero claro que no iba a dejar a un niño a cargo de mi hijo, pero no sé lo iba a hacer s