Asumí las palabras de Alexander como una advertencia que no debía de pasar en vano, asentí y me dispuse a trabajar sin notar que estaba mucho más molesto de lo que suponía.
Cada día me retiraba a casa con algún pretexto y volvía con algún malestar, así dure alrededor de dos semanas alternando excusas entre las empresas hasta que al fin llego el día en que cortaría todo lazo con Alexander Miller y Manuel Smith.
—Me retiro a casa, nos vemos después, ¡Adiós, chicos! —me despido mientras veo la car