El teléfono vibró contra su muslo. Un zumbido mecánico y agudo que se sintió como un taladro contra su hueso.
Sophia.
Tenía que ser Sophia. Estaba a miles de kilómetros de distancia, probablemente sentada en alguna suite de hotel estéril y sobrevalorada, ejecutando su impecable y estratégico plan para que él recuperara la empresa.
No contestó.
Ni siquiera sacó el teléfono del bolsillo para ver el identificador de llamadas. Solo se quedó allí en la oscura y cavernosa cocina, mirando completament