Mi reencuentro con ella no era para nada lo esperado, me encontraba tomando un café en su cafetería favorita, esa que le encantaba y a la que jamás pude traerla.
La campanilla de la puerta indicaba que llegaba un nuevo cliente e, involuntariamente, levanté mi vista y ahí estaba ella, hermosa como siempre, con su cabello nuevamente en ese tono lavanda que afinaba sus rasgos y vesrida sencilla con unos jeans y una camisa ceñida al cuerpo.
Venía contenta de la mano de ese imbécil con el que la vi