—No debes de tener celos de mi pasado, amor. —Tragué apenas e intenté sonreír—. Tú eres mi presente y mi futuro, y no existe nada ni nadie que pueda cambiar eso, ¿está bien?
—Está bien —repliqué—. ¿Quieres ducharte conmigo? —Cambié el rumbo de la conversación y Piero se incorporó, tomándome en sus brazos y andando hasta el tocador conmigo a cuestas.
El baño fue extremadamente relajante. Al final de cuentas, llenamos la tina y nos sumergimos en ella por cuestión de hora y media, tallando mutuame