LAURA JENNER
Es la hora de comer y Nate sigue trabajando. Está tecleando furiosamente en su portátil. Yo me acabo de sentar en el sofá porque me duele un poco el tobillo. Pero el dolor es menor que por la mañana. Ya puedo moverlo.
—¿Ya está mejor?—, me pregunta mirándome.
—Sí—, le dije asintiendo. Después de que me diera un ligero masaje, me sentí mucho mejor.
—¿Te lo vuelvo a masajear?—, preguntó mientras cerraba el portátil y ponía la tapa en su sartén mientras se levantaba y se acercaba a mí