LAURA JENNER
Nate abrió la puerta del coche y yo salí, cogiendo la mano que me daba. Entramos en el ascensor y pulsamos el botón. Pronto llegamos a su piso y ambos salimos del ascensor. Nate fue directo a su habitación y se tumbó en la cama con la espalda apoyada en ella y separó los brazos, intentando relajarse.
Pobrecito. Hoy ha trabajado mucho. Está estresado. Ahora tenemos que ir a la fiesta. Por eso estamos en casa a las cinco y media. Cierra los ojos y respira un poco. Tengo tantas ganas