—¿Dónde crees que vas? —Alexander atrapó a Roger cuando casi salía del edificio.
—A buscar mi desayuno, ya te lo dije, pero si quieres acompañarme, adelante.
—Veo que has vuelto a tutearme, así que, como amigos que somos, me tomaré el derecho de decirte: ¡¿en qué estabas pensando cuando te metiste con una mujer así?!
Roger comenzó a caminar más rápido, como si no quisiera mantener aquella conversación, pero Alexander no estaba dispuesto a permitirle escapar.
—Me gusta el café que sirven ahí —mu