A Diana le temblaban las manos de rabia e impotencia cuando entró al despacho de la directora.
Por ese motivo la mujer había pedido hablar con su esposo, no la quería recibir a ella.
La angustia creció cuando vio que no estarían solas y que allí se encontraban tres madres más y un hombre que debía ser el padre de alguno de los niños.
Una de las mujeres era Tiffany.
Diana sentía que aquello se iba a convertir en una cacería de brujas en su contra.
Para incomodarla más la mirada que el hombre le