—¡Estás loco! —le gritó a través de la ventana y mantuvo los seguros de las puertas bajados—. ¡¿Qué pretendes?!
Diana se fijó en que, en el coche de Izan, ya no iba Natalie, la habría bajado en cualquier calle.
Al final la compadecía.
—No podía desaprovechar una oportunidad como esta, el bueno de Alexander dejó solita a su esposa. Qué buen detalle de su parte, me facilita lo que debo hablar contigo.
—Yo no tengo nada que hablar contigo, así que quítate de mi camino.
Diana intentó dar marcha atr