Después de aquella conversación con su madre, Alexander ya no volvió a interponerse en que volviera a verla, pero siempre debía ir acompañada.
Esa mañana, su esposo tuvo que salir muy temprano y no la acompañó a la escuela de los niños.
Ya había despedido a los pequeños y estaba por marcharse cuando una extraña se acercó a ella.
—Disculpe, ¿es Diana Miller? —le preguntó.
Diana miró a la mujer, extrañada.
Por su aspecto y su ropa se veía que era alguien humilde y muy opuesto al resto de las madr