El vientre de Ariel había comenzado a crecer, y con él, también lo había hecho una nueva esperanza.
Ahora, con casi cuatro meses de embarazo, cada día era una pequeña victoria, un día más en el que la vida dentro de ella seguía avanzando, creciendo, fortaleciéndose. Tanto ella como Alejandro habían dedicado todos sus esfuerzos a cuidarlo, a hacer todo lo posible para que ese milagro no se desvaneciera.
El miedo de los primeros meses seguía presente, pero poco a poco, había sido sustituido por u