La noche se había cerrado en torno a la residencia de los Clinton cuando Alejandro llegó. La elegancia del lugar era inconfundible, desde los jardines meticulosamente cuidados hasta el suave brillo que emanaba de las luces interiores. Entró y encontró a Abigail esperándolo en el vestíbulo, con una expresión de anticipación en su rostro.
—Estás aquí. No quise llamarte para saber donde estabas porque seguro que te querías quedar a solas poniendo tus pensamientos en orden, Alejandro.—
Tan pronto c