En la penumbra de la habitación del hospital, Ariel yacía en la cama, su mente agitada por los ecos de la discusión entre Alejandro y Norman. A pesar del dolor que sentía en todo el cuerpo, el dolor emocional era aún más insoportable. Las lágrimas brotaban silenciosamente de sus ojos cerrados, una respuesta silenciosa a la tormenta interna que la consumía.
No quería buscarle problemas a Norman con Alejandro, sabía lo molesto que podía ser Alejandro Fendi y lo menos que deseaba en aquel momento