Lia
—¡Sí! —Intia estalla contra la mujer indefensa que parece no caber en su impresión —. ¿Cómo es que no lo sabes? Mi señora...
Extiendo una mano hacia ella para que se calme. No quiero que siga alentando el espectáculo que acaba de armar.
—Intia, tranquílizate —le digo con suavidad, pero manteniendo cierta firmeza. Ella se traga sus palabras en contra de la chica, su rostro todavía enrojecido —. ¿Cómo te llamas?
Me dirijo a la chica. Tiene casi mi edad, si es que su belleza y juventu