Era una completa locura, aún en lo perdida que estaba su mente, Charles sabía que nada de eso tenía sentido, no la conocía más allá de lo que vio esa noche y todo lo que ella le contó, pero ver su adorable ceño fruncido por la concentración con que le contaba sobre sus diseños o las risitas adorables que le regalaba por sus estúpidos piropos, fueron suficientes, de alguna manera, para conquistarlo.
Todo fue mil veces mejor cuando Charles bromeó sobre consumar su matrimonio y Rebecca estalló en