MARIANA
Entrar a ese salón fue como meterme al mar en invierno.
Y aun así, lo sentí. El segundo exacto en que el salón se quedó sin aire.
Las conversaciones se cortaron. Las cabezas giraron. Todos me miraron. Pero no me miraron como a la mexicana del escándalo. Me miraron como se mira algo que no se entiende y que de todas formas no se puede dejar de ver.
Levanté la barbilla y caminé como si el piso fuera mío.
Layla me aconsejó en tener siempre la mirada en alto, porque agacharla significaba ve