Él cambia.
El punto de vista de Gabriela
Llegué al apartamento de Miguel y me quedé delante de su puerta, esperando a que me entrara el valor que me faltaba. Respiré hondo, golpeé la puerta con la mano temblorosa y esperé a que alguien respondiera. No podía evitar ponerme nerviosa, sobre todo porque él no quería verme y ya me imaginaba su reacción.
«¡Ya voy!».
Me sobresalté cuando oí su voz y esperé pacientemente. Al cabo de unos minutos, se abrió la puerta y la sonrisa de Miguel se desvaneció. Se giró an