El punto de vista de Gabriela
Miguel detuvo el coche delante de nuestra casa y me miró. Me sonrió antes de salir y abrir la puerta de mi lado, después me explicó lo de su brazo y yo lo acepté.
«He pasado una noche estupenda. Gracias por traerme a tu salvación», murmuré.
«No hay problema. Me veo contigo, así que comparto el hermoso paisaje que he estado viendo todas las noches».
Sonreí con firmeza: «¿Has estado yendo a ese lugar últimamente?».
«Sí. Cuando estoy estresado y cansado, siempre voy