El punto de vista de Gabriela
La explosión me dejó atónita, con una sensación de opresión en el pecho y las lágrimas resbalándome por las mejillas. La escena me horrorizó. No sé cómo procesar esto.
«No… Alejandro…»
Fue como si mi mundo se derrumbara y todo se moviera a cámara lenta. El movimiento del coche se ralentizó y mis ojos se fijaron en el lugar donde estaban Manuel y mi marido.
«Alejandro…»
«¡Alejandro!», grité y me desperté de esa pesadilla, y me di cuenta de que no estaba en nuestra