Minutos después mi flamante marido volvió por mí. A todo eso yo no sabía si reír o llorar, aunque él andaba muy serio, parece que los nervios no le ayudaban a la realidad.
Juro que cuando dé a luz me reiré de él con ganas y cuando mis hijos sean adultos les contaré esta anécdota de su hermoso pero pendejo padre.
Nos fuimos a la clínica y de inmediato me pasaron a una sala a revisarme, la doctora ordenó a las enfermeras que se prepararan porque los bebés ya venían en camino.
Fue muy doloroso e