Yo ya me había rendido. Estaba dispuesta a soltar al hombre que por poco se convierte en mi esposo.
¿Pero saben qué?
Hablamos. Sí, una noche él se sentó a mi lado y con tristeza me suplicó que volviera a ser la loca de antes, que extrañaba mi carácter de niña mimada.
Decidí enfrentarlo. No mostré piedad y le dije hasta de lo que iba a morir. Me desahogué con todo lo que traía atorado desde que recibí aquel mensaje de texto.
Al mostrarle la fotografía y analizarla detenidamente nos dimos cuenta