La recepcionista me vuelve a preguntar que si hace pasar a la mujer que afirma ser mi madre.
Le digo que sí, que puede pasar a mi oficina. En este momento no sé ni cómo me siento, si emocionada o furiosa.
Tocan la puerta.
Vaya que ella ya aprendió de modales.
—Adelante.
Digo, sabiendo que se trata de la señora que dice ser mi madre.
La veo entrar, está igual que cuando me echó de su casa, o mejor dicho de mi casa porque la compró mi papá, por lo cual me pertenece a mí también.
La sangre me hie