Una señora muy bonita y elegante apareció frente a nosotros.
En ese momento mi mente se nubló. Estaba tan nerviosa que me aferré con fuerza al brazo de Cárlenton.
—¡Qué! ¿Cómo? ¡Esto no puede ser cierto!
Exclamé en mi mente.
La señora con la que me choqué el día que me di cuenta que estaba embarazada, está parada frente a mí y con una gran sonrisa en su rostro, seguro que me ha reconocido.
—¡Ay no, qué vergüenza!
¿O sea que, a la abuela de mis hijos, sin saber que lo era, le confesé que el padr