Eduardo despertó y observó por última vez el cuerpo desnudo de su hermosa pelirroja, esa misma que un día fue tan tímida y que ahora ha tomado la iniciativa de comérselo a besos. Recordó que no se cuidaron la noche anterior y se preocupó ¿Acaso su futuro esposo querrá casarse con ella sabiendo que nuevamente está en estado de embarazo y lo peor es que sepa que no es de él?
—Luna, despierta.
Pidió entre suaves caricias que le hace al cabello rojizo de su amada.
—Hmm, ¿Qué pasa? Estoy muy agotada