Eduardo está demasiado afectado, aun su mente le cuesta procesar que su hijo esté en estado de negación por su culpa. Estaba pensando en llamar a su pelirroja para hablar con sus hijos, pero justo a tiempo el teléfono timbró y precisamente es el nombre de su hermano el que aparece en la pantalla.
—Dime que ya arreglaste el asunto con mis hijos, hermano.
Habló ansioso.
—Papá, soy yo, Gael.
—Hola mi campeón, no te imaginas cuán alegre se pone mi corazón cuando ustedes me llaman papá.
—Papito, qui