Owen pensó que sería fácil la negociación y entrega, sin embargo; aquellos secuestradores todavía no estaban conformes.
—Uyuyuy, tranquilo papá, no te desesperes. Primero te enviaremos a los escuincles y dejaremos a la chica con nosotros, en caso de que la plata no esté a cabalidad como quedamos, ella tendrá que morir junto a su pequeña criatura.
Owen pasó saliva por su garganta, esta vez sintió como si se hubiese tragado un puñado de arena. Pues, su cuñada le pidió que a la amante de Eduardo,