Una semana después…
—Mi amor tienes que comer, desde que tu madre fue sepultada, tú no has dejado de beber.
Suplica Luna.
—¡Vete, déjame solo!
Repite su marido cada vez que ella quiere que él deje a un lado la botella que tiene entre sus manos y coma un poco de los alimentos que le prepara.
—Estás siendo grosero conmigo—. Le reclama con un puchero.
—Ya te dije que no te quiero ver a ti ni a nadie. Y deja de estar mandando a los niños, yo no estoy bien, así es que mejor evita que puedan salir la