Cárlenton estaba poseído, su mirada llena de furia no se despegaba de mis ojos.
Me volvió a arrinconar contra la pared.
—Déjeme ir, mi novio vendrá a buscarme y no quiero tener problemas o que usted resulte golpeado por él—. Supliqué.
Pero el muy idiota hizo oídos sordos y así como me tiene de espalda a él, comienza a acariciar mi pierna subiendo poco a poco y dándome besos en el cuello.
Yo me siento caliente, sé que mi amigo Carlos no vendrá a buscarme, a menos de que me tarde una hora y no regrese.
Entonces como estoy tan caliente y excitada le seguiré el juego a mi jefe y, ¿para que negar que lo deseo? pero lo deseo con su miembro muy dentro de mí.
Sé que soy puta y estúpida, ¿verdad? pero es que mi jefe está para comérselo a besos y no voy a desperdiciar esta oportunidad, aunque sé que después él saldrá de aquí como si nada y pronto será el mismo ogro de antes.
Salimos del baño y yo, aún con las piernas temblando por el orgasmo que me provocó hago todo el esfuerzo por aparentar