Cárlenton estaba poseído, su mirada llena de furia no se despegaba de mis ojos.
Me volvió a arrinconar contra la pared.
—Déjeme ir, mi novio vendrá a buscarme y no quiero tener problemas o que usted resulte golpeado por él—. Supliqué.
Pero el muy idiota hizo oídos sordos y así como me tiene de espalda a él, comienza a acariciar mi pierna subiendo poco a poco y dándome besos en el cuello.
Yo me siento caliente, sé que mi amigo Carlos no vendrá a buscarme, a menos de que me tarde una hora y no r