La emoción les había ganado y por fin a Eduardo se le estaba cumpliendo su sueño de volver a hacer suya a la mujer que ama.
Pero de algo no se percataron, y es que al entrar volvió a dejar la puerta sin seguro y ahora han estado a punto de ser descubiertos.
—Papá, ¿estás ahí?
Preguntó el pequeño Gael al entrar en la habitación y ver tirado en el suelo el bóxer que su padre tenía puesto hace pocos minutos.
—El niño … —alcanzó a decir la chica, tratando de detener a la bestia sexual en la que