—Jefe, hay una noticia muy grave —jadeó un guardia en pánico, abriendo violentamente las pesadas puertas dobles de la suite penthouse.
Scott se giró, con el rostro contorsionado de rabia inmediata mientras estrellaba su smartphone contra la mesa de cristal. —¿¡Has perdido completamente los modales?! ¿¡Cómo te atreves a irrumpir así en mi habitación privada?! —gritó Scott, con la voz resonando contra las paredes.
—Ella… ella está viva, señor —balbuceó el guardia, temblando bajo su mirada.
—¿¡Qui