—¡No! —la voz de Kenzie se quebró en un grito fracturado y agonizante. Lágrimas calientes le quemaban las mejillas mientras veía a los guardias levantar sin piedad el cuerpo flácido y sin vida de Crystal sobre una camilla, arrastrándola fuera del ring de tierra como si fuera basura común.
Su corazón no solo se rompió; se envenenó completamente de amargura.
Antes de que los guardias del arena pudieran reaccionar para detenerla, Kenzie saltó por encima de la barandilla metálica. Agarró una reluci