—Por ahora, no vuelvas a pelar fruta tú sola. Me preocupa que se te adormezcan las manos o te resbales como ayer y termines lastimándote —dijo Zayden.
Era ya la enésima vez que repetía lo mismo desde el incidente del día anterior.
—Sí, Zayd, no hace falta que lo repitas mil veces —se rio Olivia.
—Aun así, no me quedo tranquilo. Mañana por la mañana iremos al hospital para que te examinen la mano y de paso te hagan un chequeo general —insistió Zayden.
—Está bien, haré lo que digas —asintió ella.