Olivia permanecía sentada, sumida en sus pensamientos mientras contemplaba el exterior a través de la ventana de la habitación. Afuera, la lluvia caía con fuerza y torrencialmente, un reflejo exacto del tumulto en su pecho. Incapaz de hallar paz, su mente viajó hacia los recuerdos más cálidos junto al abuelo Simon. Recordó el día en que él la rescató del orfanato; ella apenas tenía diez años. Simon le había tomado la mano con firmeza y, mirándola a los ojos, le dijo:
—Ya no estarás sola. No ten