La lectura del testamento de Simon Mateus se llevó a cabo en la estancia principal, la cual se encontraba abarrotada de familiares. Rostros desencajados, tensos e impacientes se dibujaban con claridad en cada uno de los asistentes. El abogado de la familia leía con voz firme y protocolaria el contenido del documento, redactado con tinta azul sobre un papel notarial exclusivo.
Al llegar al apartado concerniente a la distribución de los activos corporativos, el jurista dictó:
—El cincuenta y ocho