—¡Maldición! ¿Por qué sigue evitándome y no responde? ¿Dónde demonios se metió? —se quejó Zayden, arrojando el teléfono sobre la mesa.
Estaba furioso porque Olivia no recibía sus mensajes ni sus llamadas. Es más, ni siquiera había regresado a la villa después de aquel incidente.
—Señor Zayden, traigo las últimas noticias sobre la señorita Olivia —dijo Clif, llamando a la puerta.
—Adelante, Clif.
Siguiendo sus órdenes, Clif entró a la oficina y se paró frente a él.
—¿Dónde está? —preguntó Zayden