El público espectador que se encontraba alrededor supo de inmediato y de manera certera que la presencia de ese enigmático e imponente hombre no significaba nada bueno, ya que el rostro pálido y ojos temerosos de Adara no eran dignos o habituales en la fiera de cabellos de fuego.
—Vamos caperucita ¿O es que te comieron la lengua?—La mente de Adara divago entre sus recuerdos de lo que fue y de lo que pudo haber sido con el único hombre al que amo de verdad. Ciertamente con el tiempo había llegad