Una parte de Adara por no mencionar que toda ella se sentía la mujer más estúpida que el universo hubiera contemplado, ya que se encontraba ingresando a prisión a visitar a nada más y nada menos que el hombre que la había traicionado centenares de veces, si no que ahora también la había vendido como a una yegua. Ese mismo hombre le llamó en busca de su ayuda y ella de noble corazón no pudo negarse en cuanto lo escuchó llorar al otro lado de la línea, mientras le suplicaba por su ayuda.
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