La tormenta rugía con más fuerza. Afuera, el viento azotaba los árboles y las gotas de lluvia golpeaban como pequeños proyectiles contra las ventanas. Dentro de la casa, el ambiente era igual de turbulento. Mark seguía sentado en el suelo, incapaz de calmarse completamente, mientras Kristen trataba de analizar la situación.
En el centro del salón, Charles se levantó con decisión.
—Escuchen bien todos —dijo con voz grave—. No podemos permitir que el pánico nos domine. Sea lo que sea lo que está