Verónica entró a la habitación de su hijo con el rostro rojo de ira. Mark, aún recostado en su cama, levantó la mirada pero no mostró ninguna sorpresa. Lo que estaba por venir era inevitable.
—¡Mark, ¿qué demonios te pasa?! —gritó Verónica, acercándose con paso firme—. ¿Cómo pudiste dejarte llevar por tus malditos instintos con Kristen?
Mark se encogió de hombros, como si fuera algo que no le importara en absoluto.
—No me arrepiento de nada, y no me importa lo que haya pasado, esa mujer me gust