-Lo siento, pero no puedo darles esa información- exclamó la empleada administrativa que estaba atendiendo a Emilia y a Adrian en las oficinas de familia y adopciones.
-¿Cómo qué no? ¡Necesitamos saber si nuestra niña se encuentra en buenas manos! ¡No nos deja tranquilos si no nos dice a donde la llevaron!- exclamó Adrian, que ya había perdido la paciencia hace mucho tiempo.
-Señor, le pido que por favor se calme- exclamó la mujer.
“Si alguien más me pide que me calme voy a gritar” Pensó a sus