Emilia se quedó sola en la casa, observando desde la ventana cómo el coche de su amado se alejaba por el jardín hacia la salida.
-Por favor Dios, haz que Adrian gane el caso- Suplicó juntando las manos temblorosas mirando hacia el cielo.
La azabache escuchó pasos detrás suyo, se volteó, encontrándose con la niña abrazando una muñeca de plástico.
Emma observaba a su ex niñera con los ojos grandes y brillosos, pero con un tinte de tristeza.
-Hola cariño- sonrió la niñera, guardando su angustia mu