-Odio ir al trabajo- bufó Adrian con un tono infantil, como si estuviera por patalear, mientras se ponía su saco y tomaba las llaves de su coche.
Adrian no quería irse, no quería estar lejos de ellos, cuando estaba solo en su oficina se sentía miserable y no dejaba de ver la hora, esperando poder terminar con todas sus obligaciones y volver a su casa. Sabiendo que apenas abriera la puerta Emma correría a sus brazos, luego de un largo día separados.
La azabache se acercó al joven CEO y le acomod