Emilia y Adrian suspiraron aliviados cuando vieron la entrada de la casa delante suyo.
-Al fin…- exclamó Emilia, finalmente habían llegado- Apurémonos, así te curamos esa herida y te quitas esa ropa mojada.
El joven asintió con la cabeza, pero Adrian por alguna razón no se sentía feliz de haber llegado.
Sabía que cuando traspasaran la puerta de la mansión tendrían que soltarse de las manos y seguir cada uno con su vida, aunque Adrian aún tenía en su mente el rostro de triste Emma cuando Emilia