-No me digas que te olvidaste de mí.
-Jamás podría.
Adrian estaba hipnotizado por esa mirada que lo hechizaba de una manera oscura.
La mujer curvó hacia arriba sus labios pintados de rojo y se levantó de su asiento caminando en un vaivén de caderas hasta su petrificado ex novio.
Se paró en frente de él, se levantó en puntas de pie y besó su mejilla muy cerca de sus labios, justamente en la comisura, de una manera muy peligrosa y dejando el rouge carmesí en la piel bronceada del joven CEO.
El be