-Ya le dije, el señor Sinclair está en una reunión importante y no puede ser interrumpido- exclamó la recepcionista.
Emilia estaba con su niño en brazos hacía más de media hora, en su otra mano llevaba la bolsa de comida que había preparado y con Emma arrastrándose por el piso sin dejar de llorar un segundo.
La niña estaba roja como un tomate.
“A este punto seguramente le duele la cabeza” Pensó preocupada.
La solución estaba solo a unos pisos de arriba, necesitaba llegar allí, necesitaba llega