98. Tú y yo por fin nos conocemos.
Sabían que el asesino a sueldo que había contratado Diddier no llegaría hasta al cabo de unas horas, pero eso no quitaba que ellos pudieran empezar a cobrárselas antes.
Genaro ya había despertado, se encontraba incómodo, y tenía sed
—Maldito hijo de puta… Ya verás cuando me suelte.
La verdad es que gritaba porque sabía que se encontraba solo y que nadie lo escucharía, porque de haberse percatado que el hombre que lo había amarrado a la silla se encontraba cerca, no hubiera emitido palabra algun